Desde la Intersindical Asturiana manifestamos nuestra condena rotunda ante los ataques impulsados por el gobierno de Estados Unidos contra la República Bolivariana de Venezuela.
Denunciamos que esta escalada se inscribe en una política continuada de injerencia: sanciones, bloqueos, operaciones de desestabilización y violencia contra pueblos que ejercen su derecho a decidir su futuro sin tutelas externas.
Señalamos, además, la extrema gravedad del secuestro del presidente venezolano, Nicolás Maduro, por parte de Estados Unidos: un hecho que expresa una lógica imperialista orientada a imponer agendas desde fuera, controlar recursos y quebrar la voluntad popular. Venezuela tiene derecho a vivir sin amenazas, sin asfixia económica y sin agresiones.
Estos ataques suponen una clara violación del derecho internacional. Una vez más, Estados Unidos impone su voluntad al mundo sin respetar la legalidad. Cuando Benjamin Netanyahu (que sí tiene una orden de arresto internacional dictada por la Corte Penal Internacional) pisó suelo estadounidense, no solo no fue detenido y puesto a disposición judicial, sino que fue tratado con honores. Ahí, Estados Unidos ignoró la legalidad internacional para dejar libre a un genocida. Ahora la vulnera de nuevo para capturar a Nicolás Maduro. Queda claro que Estados Unidos actúa para favorecer a sus amigos y castigar a quienes considera enemigos sin respetar ni un palmo la ley.
No hay democracia sin Estado de derecho; no hay democracia sin ley. Estados Unidos pretende imponer al mundo una tiranía internacional.
La clase trabajadora conoce bien, por la experiencia histórica, quién paga el precio de la guerra y de las sanciones: no lo pagan las élites, sino los pueblos. Quienes viven de su trabajo, quienes sostienen la vida cotidiana y luchan por salarios, salud, educación y dignidad, son quienes sufren las consecuencias de los intereses que alimentan estas ofensivas. Atacar a un país soberano es también golpear a la propia clase trabajadora internacional.
Reivindicamos la paz no como consigna vacía, sino como una conquista popular inseparable de la justicia social. No puede haber paz real si se vulnera la soberanía de las naciones y se sustituye la voluntad de los pueblos por la imposición y la fuerza. Nuestro pacifismo de clase solo puede ser antiimperialista.
Expresamos nuestra solidaridad con el pueblo venezolano y con sus instituciones legítimas frente a las presiones externas, las agresiones militares y los secuestros políticos.
Reafirmamos nuestro compromiso con la unidad y llamamos a la movilización de la clase obrera internacional contra la guerra y el imperialismo, en defensa de la paz y la soberanía popular.
¡No a la guerra! ¡No a la agresión imperialista!


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