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  • 8M Villaviciosa: Llenar las calles, mover el mundo - Intersindical Asturiana

    Este 8 de marzo, Villaviciosa vuelve a tener una cita imprescindible con la igualdad, con la justicia social y con la dignidad de las mujeres trabajadoras. Una cita que no es simbólica ni rutinaria, sino profundamente necesaria. Porque cada año nos recuerdan que ya está todo conseguido, que las mujeres ya tienen los mismos derechos, que el feminismo exagera, que la desigualdad pertenece al pasado. Pero basta mirar alrededor para comprobar que no es verdad. La desigualdad sigue aquí: en los salarios, en los cuidados, en los trabajos precarios, en las pensiones, en la violencia machista, en el miedo, en el silencio y en la carga invisible que tantas mujeres siguen llevando sobre los hombros.

    El 8M no es una celebración vacía. Es una jornada de lucha. Es memoria de las que abrieron camino y compromiso con las que vienen detrás. Es una llamada a reconocer que los derechos no caen del cielo, que nunca fueron regalos amables de quienes mandan, sino conquistas arrancadas con organización, movilización y perseverancia. Si hoy hablamos de igualdad legal, de derechos laborales, de libertad sexual, de corresponsabilidad o de protección frente a la violencia machista, es porque antes hubo mujeres que no aceptaron el lugar que se les había asignado. Mujeres que se plantaron, que hablaron cuando se esperaba que callaran, que ocuparon espacios que se les negaban y que pagaron, muchas veces, un precio personal altísimo por hacerlo.

    Pero la historia no ha terminado. Hoy, en pleno siglo XXI, vemos cómo avanzan discursos reaccionarios que intentan ridiculizar el feminismo, negar la violencia machista, devolver los cuidados al silencio de los hogares y presentar la igualdad como una amenaza. Nos quieren aisladas, cansadas, enfrentadas entre nosotras y convencidas de que cada problema es individual: que si no llegas a todo es porque no te organizas bien; que si cobras menos es porque no negociaste mejor; que si tienes miedo es porque eres débil; que si no puedes conciliar es porque elegiste mal. Pero sabemos que no es así. Lo que llaman problemas personales son, muchas veces, problemas políticos y sociales. Y lo que se vive en soledad solo puede cambiarse colectivamente.

    Por eso este 8M importa también. La desigualdad se vive en las ciudades, los pueblos y las villas: en las mujeres que sostienen familias enteras, en quienes cuidan a mayores o dependientes sin reconocimiento suficiente, en las trabajadoras del comercio, de la hostelería, de la limpieza, de la sanidad, de la educación, del campo, de la industria o de los servicios públicos. Se vive en las jóvenes que aún escuchan que deben tener cuidado al volver a casa. Se vive en las mayores que dedicaron su vida al trabajo doméstico y de cuidados sin que ese trabajo se tradujera en derechos plenos. Se vive en quienes quieren ser madres sin ser penalizadas laboralmente y en quienes no quieren serlo sin tener que dar explicaciones. Se vive en cada comentario machista que se disfraza de broma y en cada desigualdad que se naturaliza porque “siempre fue así”.

    Frente a eso, la respuesta no puede ser resignarse. La respuesta es encontrarnos. Salir juntas a la calle. Hacer visible lo que tantas veces se intenta ocultar. Decir alto y claro que sin las mujeres no se sostiene la vida, pero que no aceptamos seguir sosteniéndola a costa de nuestra salud, de nuestro tiempo, de nuestros derechos o de nuestros proyectos personales. Queremos igualdad real, no discursos bonitos una vez al año. Queremos trabajos dignos, salarios justos, corresponsabilidad efectiva, servicios públicos fuertes, educación en igualdad, atención sanitaria con perspectiva de género y una vida libre de violencias machistas.

    Y esta movilización no interpela solo a las mujeres. Interpela al conjunto de la sociedad. Porque el feminismo no busca cambiar la vida de unas pocas, sino hacer más justa la vida de todas y todos. Los hombres también tienen una responsabilidad: no ocupar el centro, no dar lecciones, no mirar desde fuera como si esto no fuera con ellos, sino escuchar, acompañar, revisar privilegios y actuar allí donde se reproducen desigualdades. La igualdad no se defiende solo con palabras amables el 8 de marzo; se defiende en casa, en el trabajo, en el aula, en el bar, en la calle y en cada espacio cotidiano.

    Este año, en Villaviciosa, Asturies debe volver a demostrar que también desde lo local se empujan los cambios grandes. Que una villa movilizada tiene fuerza. Que cada persona que acude suma. Que cada pancarta, cada voz, cada paso y cada presencia forman parte de algo mayor: una cadena de luchas que viene de lejos y que no piensa detenerse. No estamos solas. No partimos de cero. Caminamos con quienes lucharon antes y con quienes seguirán luchando después.

    Por eso llamamos a llenar las calles este 8 de marzo. Por las que ya no están. Por las que resisten. Por las que cuidan. Por las que trabajan. Por las que estudian. Por las que migran. Por las que sufren violencia. Por las que no pudieron elegir. Por las niñas que merecen crecer sin techos de cristal ni miedo. Por todas.

    Este 8M, Asturies se moviliza en Villaviciosa.
    Porque la igualdad se conquista.
    Porque los derechos se defienden.
    Porque juntas movemos el mundo.


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